domingo, 7 de febrero de 2016

Dragon Ball: La batalla de los Dioses

De vez en cuando uno se queda inmovilizado en el sofá (con el crío dormido encima, se entiende) y no le queda otra que trastear con Netflix para ver algo que le entretenga durante el rato que durará esa inmovilización. Y éste ha sido el motivo de que acabara viendo La Batalla de los Dioses, película de Dragon ball que tenía ganas de ver pero que había ido djando para una situación más propicia.

La película nos lleva un poco más allá de Dragon Ball Z, obviando completamente todo lo que vino con Dragon Ball Gt (lo que no está mal). Básicamente nos cuenta la historia del Dios de la Destrucción, un Dios de esos supremos de la Galaxia que se dedica a acabar con planetas para que tengan un renacer luego a manos de los Dioses “buenos”.

Dicho Dios ha tenido un sueño sobre un Saiyan Dios, algo que quiere ver más por curiosidad que otra cosa y para lo que acerca a los que quedan vivos: Goku, Vegeta y descendientes.

La trama no tiene de épica, el enemigo nos caerá bien e incluso podría convertirse en uno más del grupo, siendo todo un simple mc Guffin para mostrarnos una transformación nueva para Goku y recuperar a los personajes antiguos en una especie de capítulo nostálgico con hostias al final.

La verdad es que más allá del elemento nostálgico (sale todo el mundo) y el humor que pueda tener en algunos momentos, la película se antoja corta, siendo una simple excusa para que los fans de la serie se acerquen a ella y pasen un rato entretenido viendo de nuevo a sus personajes favoritos.

En lo técnico no tiene nada que destacar, parece un capítulo de un anime más que una película por la factura visual, habiendo a día de hoy series que están mejor hechas que ésta película.

Entonces, porqué le pongo el notable bajo? Porque sigue teniendo esencia Dragon Ball aunque no pase nada, una película que distrae y trae recuerdos.

Sólo para los que hayáis visto el anime original, los que seáis más jóvenes y no lo hayáis visto podéis pasar de la película directamente como si no existiera.

Valoración Personal: 7,0.

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