sábado, 16 de mayo de 2015

Hace un año XXIV... Godzilla

La película de Godzilla de 2014 no es sino un reboot en toda regla de la franquicia de monstruos japonesa, un reboot bastante pegado en el tiempo con ese que protagonizó Jean Renau y que tan flojillo era.

En ésta ocasión la excusa para ver al monstruo gigante pegándose con otra cosa no menos espectacular es la siguiente: hace unos años (hay un flashback previo, pero lo obviaremos) en una central nuclear japonesa algo salió muy mal, acabando con la vida de un buen puñado de personas. Entre éstas personas estaba la madre del protagonista, una mujer a la que su propio marido tuvo que dejar aislada para que muriera.

Tan traumático incidente tiene al hombre (Bryan Cranston) totalmente obsesionado con lo que pudo suceder ese día, teniendo la idea peregrina de que hay algo vivo allí, a lo que ha consagrado toda su vida desde el incidente.

Y evidentemente habrá algo, un ser descomunal y destructivo que se alimenta de la radiación, un ser que parecerá ir a donde el protagonista va (o al revés) y que causará una destrucción sin precedentes entre algunas ciudades humanas.

Desgraciadamente para el hombre parece que nada es capaz de acabar con el monstruo, excepto quizá otro monstruo que surgirá de las profundidades marines a modo de protector de la humanidad: Godzilla.

Para ser una película de acción/destrucción con monstruos gigantes lo primero que llama la atención es la de tiempo que se pasan para mostrarnos tanto la situación familiar del protagonista como el “origen” del monstruo destructor; son escenas que están la mar de bien y le dan cierto misterio al asunto, pero que en una película que se llama Godzilla igual no eran del todo necesarias.

Es cuando empieza la acción que la película se muestra en todo su esplendor: una superproducción que no ha escatimado en medios para mostrar a los monstruos, las explosiones, las hostias como panes… de esas que entran por los ojos y demuestran que a día de hoy no hay nada que no pueda hacerse en cine con un ordenador y dinero.

La lástima es que se vuelca demasiado en esos efectos especiales, con una trama un tanto ridícula, efectos que ya hemos visto en producciones anteriores (Pacific Rim, por ejemplo) y que cada vez impresionan menos por sí mismos.

En conjunto es un blockbuster palomitero muy decente, de desconectar y ver algo sin ningún tipo de complicación; una película digna de llevar el nombre del monstruo y que dejará satisfechos a los que sepan lo que van a ver. Los que busquéis cierta profundidad no hace falta que os acerquéis a la película: no la tiene.

Valoración Personal: 6.


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