jueves, 28 de mayo de 2015

True Blood T7

Me da hasta lastimica hacer ésta reseña, y es que el que una serie con la que te lo has pasado tan bien llegue a su final siempre es motivo de una cierta tristeza, pero si lo hace arrastrándose por el barro y siendo una sombra de lo que fue, ya da para pataleta.

La séptima y última temporada de True Blood venía a romper con un zas en toda la boca lo que había pasado en ese momento, intentando remontar una serie que caía en barrena con un cambio de dirección.

Una serie de atentados destruyen las fábricas donde se fabrica la sangre sintética que beben los vampiros, lo que unido a la aparición de una enfermedad mortal para esos seres en la sangre de algunas personas hacen que el mundo se vuelva loco y los vampiros siembren el terror en pueblos aislados para conseguir comida.

Uno de esos pueblos es el que hemos visto en todas las temporadas anteriores, donde los vampiros “buenos” tienen a su humano sano del que beber y al que protegen de los vampiros “malos”.

Me diréis que es un cambio bastante atrevido y no os faltará razón, lo que pasa es que la introducción del mismo es de sopetón, con las consecuencias ya visibles y sin haber pensados gilipolleces que un niño de primaria contestaría fácilmente: no se pueden hacer nuevas fábricas para seguir produciendo sangre sintética?

Por si fuera poco con ésta y otras incongruencias del guion, veremos cómo capítulo tras capítulo mueren o reaparecen viejos conocidos en subtramas a cual más absurda y de relleno.

Y encima los actores están que no saben ni hacia dónde mirar, supongo que al ver que un personaje que han interpretado durante siete años empieza a hacer cosas cuanto menos extrañas (lo de Ana Paquin ya es para darle de hostias y ver si espabila).

Si es la última temporada dale epicidad, despide a los protagonistas por todo lo alto o haz un homenaje a lo que ha sido la serie. Pero no, siguen a lo suyo, dando como saltos entre varias líneas argumentales que, en el fondo, no conducen a ningún lugar y nos dan totalmente igual.

Es una pena, porque el mismo argumento bien llevado podría haber sido un final digno, pero acaba siendo todo una caricatura de lo que fue y te saca totalmente de la serie.

Como temporada en su conjunto y pese a lo dicho (si no hubiera seis antes) está hasta entretenida, el problema viene cuando piensas en quiénes son los personajes y te das cuenta de que nada tiene sentido con lo que han demostrado que pueden hacer.

Luego queda la serie, siete temporadas cada una ligeramente inferior a la anterior que se han ido volviendo una parodia de sí mismas sin querer y que no puedo recomendar aunque haya disfrutado con la mayoría de ellas; y es que en su conjunto ha acabado quedando una serie bastante regulera (si hubiera empezado así de mal estoy seguro que no pasaba de la primera temporada), lo que demuestra que hay que parar cuando la cosa sigue en forma o te arriesgas a caer en picado y dando vergüencita.


Una pena, porque ese rollo macarra, con una trama interesante y con grandes dosis de sexo y violencia podría haber dado lugar a un producto muy superior al que ha acabado siendo.
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