lunes, 29 de agosto de 2011

House T7

Otra serie de la que termino una nueva temporada, en ésta ocasión se trata de House, una de las veteranas (y de mis favoritas también).

Aun recuerdo cuando empecé a engancharme, hace un montón de años, que la veía estirado en mi cama, en mi minitele (por aquel entonces) justo antes de irme a dormir.

Ahora, pudiéndola ver en horarios bastante mas flexibles (cuando me da la gana vamos) tengo que reconocer que la serie ha evolucionado bastante en todos éstos años.

La base es la misma: House sigue intentando resolver los rompecabezas que le suponen los casos que entran en su servicio; pero esos van quedando poco a poco fuera del primer plano para centrarse en lo realmente importante en la temporada: él mismo.

Parece una obviedad, y se venía haciendo de unos años para aquí, pero el protagonista absoluto no es el equipo, ni los casos, ni los amigos, es él. El Dr. House empieza la temporada de una forma en la que no le habíamos visto: enamorado y feliz. Y eso repercute en su forma de relacionarse con los demás.

Pero estaba claro que House es como es, y tarde o temprano su mala leche y su forma de ser acabarían por llevarle a donde ha estado siempre: un hoyo depresivo donde en su dolor lo único que tiene son los casos, y donde le cuesta hacer entrar a alguien por miedo a que le hagan daño.

Tenemos a un House roto (diría que incluso mas que cuando estaba en el centro de rehabilitación), sin un rumbo fijo y mas autodestructivo que nunca. Vamos, que pese al humor socarrón de la serie lo que vemos son las miserias humanas encarnadas por ese médico con el que tanto se llega a empatizar (por lo menos en mi caso).

Y el final de la serie me ha parecido perfecto. Una temporada que se despide por todo lo alto, con una especie de catarsis necesaria para encarar una ocatava en la que se ha confirmado que la directora del centro no estará y que probablemente sea la última.

Sólo me queda decir que espero que sea tan buena como ésta.
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