martes, 23 de agosto de 2016

El Lobo Solitario y su Cachorro #4

Sigo imparable con mi lectura de Lobo Solitario y su cachorro, ese manga de Samuráis de los años setenta que ha llegado hasta nuestros días en una edición de planeta bastante decente pero en la que se echan de menos algunos extras (como sobrecubiertas, por ejemplo).

En éste cuarto tomo seguimos con la tónica de capítulos auto conclusivos sin apenas continuidad (excepto en un caso), capítulos que se podrían resumir en tener al protagonista contratado para llevar a cabo un trabajo y verlo matando al objetivo. Sería un resumen bastante malicioso, porque van ya cuatro tomos bastante grandes (casi 400 páginas) y no he tenido en ningún momento la sensación de repetición, y eso se debe a que el autor sabe imprimir carácter a cada una de las situaciones, haciéndola única y aportando algo al trasfondo (ya sea de la época o añadiendo carga dramática a los personajes).

Me empieza a fascinar la figura del niño, ese chaval de tres años que ve a su padre matar sin parar a cambio de dinero, cómo ve él la vida. Un personajazo que tiene un gran momento durante una historia en la que sale un perro, simplemente buenísima.

En lo referente a capítulos con consecuencias, aquí tenemos la introducción de las armas de fuego, un par de herramientas más para el protagonista en su camino al infierno que le sacarán ya en éste mismo tomo de un par de apuros.

Cada vez estoy más convencido de estar ante un gran comic, uno que juega perfectamente con el ritmo (y teniendo casi 50 años ya tiene mérito no hacerse pesado en ningún momento) y que se toma su tiempo para contarnos una historia de venganza.


Ganazas de comprarme el quinto y leerlo.

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