martes, 6 de marzo de 2018

Invencible Ultimate Collection #4 (Usa #36 a #47)

Ha tardado mucho, pero gracias a los reyes magos Invencible Integral #4 ya pasa a formar parte de mi estantería (y el quinto volumen le seguirá en breve, le tengo en la pila de lectura). Un cuarto tomo que esperaba con muchas ganas de lo que pensaba y que he devorado sin apenas darme cuenta.

Es curioso cómo el tiempo ha dado perspectiva a la obra de Kirkman, algo que era de lo primero que leía de superhéroes en su momento y me gustaba; pero ahora que tengo bastante más bagaje en el género, ha pasado a fascinarme.

El tomo que nos ocupa hoy sigue las andanzas de Invencible y los suyos en su lucha constante por evitar que la Tierra se vaya al carajo; aventuras que en ningún momento dejan de lado la parte humana de sus vidas, ya que aquí vemos a los héroes en la intimidad, con sus problemas y comidas de cabeza.

Y lo bueno es que no sólo lo vemos del protagonista (que entre la Uni, su novia y el trabajo en mallas tiene bastante que aguantar) sino que los secundarios ganan más y más profundidad a medida que avanzan los números, con muy buenas historias que enriquecen la obra y en la que el autor apenas se detiene unas viñetas de vez en cuando.

Tenemos también la preparación (y culminación) de varias “sagas”, porque aquí lo que sucede tiene consecuencias, y si vimos a alguien cometiendo un secuestro hace tiempo, seguro que acabaremos viendo qué ha pasado con el secuestrado.

Para terminar, destacar que tampoco se olvida del eje argumental principal: los viltrumitas siguen dando guerra (como pudo comprobar en el tomo anterior Allen el Alien), y aquí les veremos aparecer de nuevo.

Un universo vivo, rico, con toques de humor y una acción algo más salvaje de lo que uno puede encontrar en comics de las dos grandes casas. Una obra de superhéroes que, con casi 50 números leídos, pasa a ocupar parte de mi top de historias del género (y no descarto que se encarame al primer puesto el día que termine).

No quiero acabar sin mencionar la gran mejora que ha ido sufriendo el dibujo de la obra, con un Ryan Ottley que mejora a cada número que cae en sus manos.


Un gustazo.
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