jueves, 28 de julio de 2016

Retrogaming - Sonic the Hedgehog

No tengo muy claro si será una sección con algo de continuidad o simplemente un ramalazo que me ha dado al ver el Sonic en la estantería de mi casa, pero el caso es que me he puesto a jugar con un juego que tiene más años que la puerta y, curiosamente, me lo he pasado en grande.

Historia: Allá por 1991 aparecía para Master System un juego en el que controlábamos a un erizo azul a lo largo de una serie de fases divididas en mundos, al más puro estilo Mario, vamos. El juego tuvo tal éxito que se convirtió en la mascota de Sega, un plataformas más rápido que lo visto hasta el momento y con un acabado muy cuidado.

Nuestro objetivo será enfrentarnos al malvado Doctor Robotnic a lo largo de seis zonas distintas (con tres fases en cada una), intentando encontrar las llamadas esmeraldas del Caos, unos objetos que nos permitían ver el auténtico final del juego.

Como podéis ver es un argumento sencillo, de los que se llevaban en la época y que te venía presentado en las instrucciones más que en el mismo juego.

Apartado Técnico: Estamos hablando de un juego que corre en una consola de 8 bits, el pleistoceno de los videojuegos. Es por ello que al ponerme a los mandos temía encontrarme algo que me hiciera sangrar los ojos.

Pues bien, el aspecto general del juego es bastante decente, supongo que la moda por lo retro en el terreno de los indie ha hecho que el ojo se haya vuelto a acostumbrar, pero el caso es que en mi humilde opinión prefiero estar viendo una pantalla del Sonic que cualquiera del Minecraft. Digamos que han envejecido con dignidad pese a no poderse comprar a nada que se pueda ver a día de hoy.

Donde sorprende sobremanera el juego es en la banda sonora, con una pieza para cada zona más la de los jefes de final de fase. Una música que me ha llevado de nuevo a mi infancia y me ha hecho disfrutar como un auténtico enano cada vez que conseguía pasar de un mundo al siguiente. Es tan buena que uno olvida que está grabada en 8 bits.

Jugabilidad: Plataformas lateral de toda la vida. Nuestro objetivo es llegar al final de la fase y luego al del juego utilizando un limitado número de vidas. La gracia está en los bien medidos que están los saltos y en las mecánicas de los jefes finales.
No es un juego fácil, de hecho me he sentido torpe a los mandos, ya que recuerdo pasármelo una y otra vez en su momento y en ésta ocasión me ha costado varios intentos acabar con el jefe final.

Quizá hay alguna fase menos acertada que las demás, pero en conjunto nos queda un plataformas rápido y divertido con el aliciente de encontrar las esmeraldas del caos, un ítem escondido y para nada sencillo de encontrar (sin guía).

Diversión de la de antaño, ni más ni menos.

Opinión personal: Sonic the Hedehog es un gran juego de plataformas, una experiencia divertida a la par que nostálgica que se puede disfrutar perfectamente a día de hoy.

Jugándolo de nuevo se entiende que tanto el personaje como la franquicia llegaran a las cotas que llegaron, y sabe peor aún la situación en la que se encuentran en éstos momentos.

Es un juego rápido, divertido y desafiante, de esos que si coges con ganas y habilidad no te duran ni dos horas pero que como te atasques en un punto acabarás repitiendo una y otra y otra vez. El motivo? Que a la que te quedas sin vidas empiezas desde el principio, teniendo de jugar de nuevo las fases que ya habías terminado (algo que a día de hoy no se ve en ningún sitio pero que era imprescindible si no querías tener un juego que durara tres horas en su primera partida).

Para los jugones más modernos es posible que sea una obra prescindible, pero para los que tenemos ya una edad (y más si lo jugamos/tenemos de cuando salió) es de esos juego que hace ilusión volver a poner en pantalla, escuchar sus músicas y notar el tacto de ese mando cuadrado tan incómodo. Un auténtico imprescindible del mundo reto y de lo mejor que se hizo para Master System.

Imprescindible? Sólo si quieres rememorar una parte fundamental de la historia del videojuego o eres un jugón y no te tira para atrás la idea de acercarte a una obra con 25 años.
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